Por Omar Eduardo Alonso
El curioso caso comenzó a hacerse público en los medios de comunicación en la década del 60, tanto en Tres Arroyos como en otros diarios de alcance nacional.
Es que un abogado recurría a los mismos para ver si podía dar con algún pariente de Carlos Bazzana Cardoso quien había fallecido en Acqui, Italia, en 1958.

Se conocía, entonces, que Cardoso había nacido en Tres Arroyos en 1891, aunque sus padres luego se radicaron en Bahía Blanca.
Habían sido los progenitores Mariano Cardoso y Gregoria Ávila, quienes habían muerto en febrero y abril de 1891 en Bahía Blanca luego de una vida desarrollada en la más cruda miseria.
De tal modo, el niño fue huérfano rápidamente y creció en circunstancias no reveladas en detalle pero siempre dentro de aquel panorama de privaciones y marginaciones.
Tampoco se conoce cómo el 9 de octubre de 1912, cuando tenía 23 años, fue adoptado por un matrimonio de italianos que había logrado hacer fortuna en nuestro país.
Se trataba de Bartolomeo Bazzana y Lucía Giuliano, no especificándose en las crónicas de la época las actividades que llevaron a esos italianos a amasar una considerable fortuna.
Lo cierto es que en determinado momento se decide el retorno a la población de Acqui, en Italia, llevándose consigo al joven adoptado.
Transcurrido el tiempo, los integrantes del matrimonio italiano fallecen, con lo cual el nativo tresarroyense heredó una fortuna que las crónicas definen como multimillonaria.
Lo paradójico de la situación es que Cardoso, en un giro curioso de su vida y una vez que sus padres adoptivos habían fallecido, se trocó prácticamente en un mendigo, retornando a la miseria que le había tocado vivir en su niñez y adolescencia.
Fue en ese contexto de absoluto abandono y rozando apenas los niveles de subsistencia que vivió hasta su muerte en 1958 cuando tenía 67 años.
No se especifican detalles respecto a los motivos profundos que empujaron a Carlos Bazzana Cardoso a no utilizar los recursos que heredaba y elegir vivir en la miseria más absoluta.
Se sugiere en las crónicas que era, aparentemente, un caso extremo de avaricia.
Lo cierto es que a su muerte, la multimillonaria herencia se hallaba sin destinatario legal concreto y un abogado llegó a Tres Arroyos buscando posibles herederos.
Se dijo que había podido ubicar a un presunto hermano, Severo Cardoso quien no residía en nuestra ciudad.
El final de la historia se desconoce, pero es interesante conocer el caso de este tresarroyense multimillonario que murió en la miseria a pesar de contar con bienes de incalculable valor.
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