Por Javier Kristensen.
Los bonaerenses tenemos hoy una cita con la democracia. Y con la historia.
A 42 años de haber recuperado el derecho al voto, ejercerlo es el mejor recaudo para defenderlo. Mas del 60% del padrón electoral de la provincia lo integran menores de 40 años, y considerando que quienes tenía 18 en 1983 tienen hoy 60, casi un 90% de los electores son ciudadanos que no han estado privados de su derecho a elegir y se elegidos, tal como lo consagra el artículo 37 de la Constitución Nacional, suprimido durante tantos negros años por los dictadores de turno.
Esta elección no es una mas para nuestra provincia, por primera vez elegiremos legisladores y concejales en una votación separada (o desdoblada) de los cargos a nivel nacional. Kicillof tomó esta medida menos como estadista que como porotero. Lo hizo para que la discusión nacional no se le metiera en la campaña, y de este modo poder salir lo mejor parado posible de la contienda electoral. Aun así, los efectos no deseados por el gobernador suceden igual, y este sistema permite a la Provincia de Buenos Aires empezar a tener una agenda propio, tal como la tienen todas las demás provincias, excepto la nuestra, donde no se distinguen temas propios del territorio bonaerenses de los temas nacionales que están en la conversación pública en cada campaña. Si el desdoblamiento se proyecta en el tiempo necesariamente habrá que empezar a discutir los temas de la provincia, y este no solo es sano, sino imprescindible para hallar la viabilidad de un gigante deforme que con sus desigualdades, desproporciones y diversidades tiene la provincia mas grande de la Argentina.
Concurrir a votar es una obligación, pero en la práctica no tiene sanción, por eso, ir a votar debería ser una decisión. No solo de elegir tal o cual boleta y colocarla en el sobre, sino una decisión de participar de la vida pública de nuestra comunidad. La política, y los políticos, a lo largo de estos mas de 40 años de democracia, en su mayoría han hecho mucho por dañar la democracia y poco -y lejos en el tiempo- por defenderla. Corrupción, clientelismo, violencia verbal y física, creación de enemigos, grieta, desmanejo económico, impericia, mala gobernanza, han sido los términos que como denominador común atravesaron todos estos años. Por ellos estamos varados en uno de los mejores lugares del mundo, pero siempre a punto de arrancar y nunca avanzando. Esta opinión compartida por todos, sin importar el color político, debería interpelar a todos quienes ven la política como una realidad extraña y lejana. La política la hacen los políticos y los políticos antes de serlo son ciudadanos, y los ciudadanos que no ocupan lugares dejan el espacio para que otro lo ocupen. Nadie está obligado a participar en política, pero todos estamos obligados a elegir a los políticos. Si nos rehusamos a ese derecho-obligación estaremos invalidando nuestra acción como miembros de una comunidad que ha elegido, sin saberlo pero aceptándolo, ser gobernado por sus representes.
Por eso, vayamos felices a votar. Felices que podemos hacerlo. Felices que todavía hay centenares de personas que deciden comprometerse con el otro a través de la política, y honrando todas las luchas y las lágrimas que nos llevó vivir en democracia, no sin recordar que la democracia siempre necesita cuidados, y que no es con violencia ni apatía el modo de protegerla.
Feliz domingo electoral!





