La jornada del miércoles en el Congreso de la Nación fue agitada. Se esperaba una manifestación como la de la semana pasada, con mucha violencia, pero nada de eso ocurrió. El operativo de seguridad y la menor movilización de agrupaciones kirchneristas, sindicalistas, barras de fútbol y agrupaciones de izquierda, menguaron el poder de generar caos que había sido llevado al máximo la pasada semana. Sólo algunas escaramuzas rodearon el recinto, y afortunadamente la manifestación se realizó sin incidentes.
Dentro del recinto los insultos, gritos y enfrentamientos entre los Diputados fue constante. Desde una diputada con una megáfono, un diputado ofreciendo «piquito» a un par con el que había discutido hasta llegar a la agresión física, otra diputada (Moreau) prepoteando al presidente al grito de «no me boludées», todo demasiado rústico en un país que hace tiempo perdió el respeto a sus legisladores y que ellos se encargan de acentuar ese sentimiento.
Finalmente el Gobierno logró la aprobación del pedido de autorización para firmar un acuerdo con el FMI. No se trata de la aprobación del acuerdo, como se dice en general, porque este no se encuentra firmado, sino que hay un DNU (Decreto de Necesidad y Urgencia) que plantea la necesidad de la firma de un acuerdo con el Fondo por parte del Poder Ejecutivo. Ese DNU fue refrendado por la Cámara de Diputados, por lo que ya no puede ser derogado para lo cual necesitaría ser rechazado en ambas cámaras. Este artilugio legislativo fue creado por el kirchnerismo para poder gobernar mediante decretos, ayer le jugó en contra, porque permitirá a Milei suscribir un acuerdo del que se desconoce todo, su monto, su plazo, intereses, etc.. La discusión pública se centró en otro lado y lo importante no se cuestionó.





