Huracán volvió a escribir otra página dorada en la historia del básquet tresarroyense al consagrarse tricampeón anual tras derrotar a Quilmes por 68 a 57 en el segundo partido de la final. El triunfo en condición de visitante le permitió al Globo cerrar la serie y celebrar un nuevo título local frente a su clásico rival, ratificando un dominio que se sostiene desde hace varias temporadas.

El desarrollo del encuentro fue intenso y cambiante. Quilmes comenzó mejor plantado, se adueñó del primer cuarto y logró una leve ventaja, aunque sin conseguir despegarse en el marcador. Esa falta de contundencia fue aprovechada por Huracán en el segundo parcial, cuando ajustó su defensa, ordenó el juego y, con el ingreso de Pedro en la conducción, logró pasar al frente para irse al descanso con una diferencia mínima, pero valiosa.

Tras el entretiempo, el Cervecero volvió a tomar la iniciativa y lideró el tanteador durante los primeros minutos del tercer cuarto. Sin embargo, una serie de ajustes tácticos permitió al equipo albo recuperar el control. A partir de allí, Huracán comenzó a construir una ventaja corta, pero constante, que supo administrar con inteligencia hasta el cierre del partido, sin perder la calma en los momentos de mayor presión.

En el plano individual, Pedro confirmó su rol como base natural del equipo, aportando equilibrio y claridad en la conducción. Falcone volvió a ser decisivo con su eficacia desde el perímetro y cerró la noche como máximo anotador del Globo, mientras que Fanego tuvo un rendimiento sólido y oportuno. Todo ello se apoyó en un funcionamiento colectivo comprometido, con un equipo que sostuvo la intensidad y no resignó esfuerzo en ningún pasaje del juego.

Del lado de Quilmes, el rendimiento fue irregular. Si bien Lofrano y Pérez Vázquez encabezaron el goleo, el equipo sintió la ausencia de Perticarari y no logró el habitual aporte de algunas de sus piezas clave, lo que le restó dinamismo y profundidad en momentos decisivos.
Más allá de que el partido no se caracterizó por un alto vuelo técnico, la final estuvo cargada de tensión y emotividad, propias de un clásico que volvió a definirse por detalles. En ese contexto, Huracán fue más consistente y volvió a imponer su jerarquía.

Esta nueva consagración no es un hecho aislado. El Globo ha sabido mantener una base sólida, potenciar nuevos valores surgidos de sus divisiones inferiores y sostener la continuidad de sus cuerpos técnicos, un proceso que explica su prolongado protagonismo. Aunque en las competencias regionales los resultados no siempre acompañaron, a nivel local Huracán es, desde hace años, la institución que más logros acumula, consolidando un proyecto deportivo que combina trabajo, identidad y resultados.





