Por Omar Eduardo Alonso
Se encuentra en marcha en Copetonas una iniciativa tendiente a exhibir una balsa similar a la que ocuparan sobrevivientes del Crucero General Belgrano.
No es la que efectivamente utilizaran aunque es idéntica y en algún momento ocupó parte de la nave. La original, una vez concretado el rescate, fue pinchada para que desapareciera.
La idea y realización son llevadas adelante por uno de los sobrevivientes, el copetonense Blas Fernández; Jorge González y José Alberto Andersen, siendo este último quien posibilitó la recuperación de los náufragos.
Es interesante recuperar algo de la historia de Andersen que fue contada el 17 de mayo de 2014 por su madre, Mavis Suizán en una entrevista radial.

Recordó que su abuelo, un vasco francés se había radicado en la provincia de San Luis y dedicado a la cría de ganado.
En el transcurso de una gran sequía buscó nuevos horizontes en un lugar con abundante agua. Lo encontró a la vera del Quequén Salado, cerca del puente nuevo, donde instaló su tambo.
Su hijo, padre de Mavis, se dedicó a tareas rurales y prestó servicios entre otros a Nicolás Norrild, radicándose la familia en la localidad de Oriente.
Circunstancias familiares determinaron que Mavis Suizán se trasladara a Copetonas en 1943, viviendo con su hermana y sobrinos.
Allí conocería a Juan José Andersen, hijo de un empresario de la localidad dedicado a la venta y reparación de maquinaria y de origen danés.
Luego de dos años de noviazgo se casó cuando contaba con 20 años. De este matrimonio nacieron dos hijos: Sergio y José Alberto.
“La vieja”
Completado los estudios en Copetonas, José Alberto decidió estudiar para marino. Ingresó a la Academia de Coronel Rosales, paso previo para asistir a la escuela naval, egresando con el noveno mejor promedio sobre un total de 500 aspirantes. En 1977 se recibió y realizó el tradicional viaje de egresados en la Fragata Libertad. Posteriormente hizo el curso de aviación naval en Punta Indio, recibiendo su brevet en 1979.



Se casó con Liliana Sánchez, de Copetonas y se retiró de la actividad en 1998. Se radicó en Tierra del Fuego y se dedicó a la hotelería.


Los compañeros de promoción le impusieron el apodo de “la vieja”, por las características de su temperamento.
Las circunstancias hicieron que integrara la tripulación del avión Neptuno afectado a la búsqueda de sobrevivientes del Crucero General Belgrano tras el hundimiento por parte de un submarino inglés.
Se agotaba el combustible de la nave y era imprescindible volver a la base de inmediato.
Fue Andersen quien insistió en un último intento en zigzag en la búsqueda de los eventuales sobrevivientes, en su mayoría sus compañeros de promoción.
Fue así que se logró un resultado positivo que con el tiempo mereció un reconocimiento especial.

Ahora esa acción tendrá un hito recordatorio para todos los interesados en un lugar específico de Copetonas que se construye con el apoyo del Banco Credicoop y la Sociedad de Fomento.


En el audio anexo se puede recordar aquella acción que se enmarcó en la guerra de Malvinas a través del relato de la madre del marino, Mavis Suizán.
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