Por Nacho Garcia Zurita.
Colson Whitehead, es un autor afroamericano multipremiado, ganador de dos premios Pulitzer. Quizás por ser un hombre de color, si nos permitimos olvidar por un momento que no existen hombre sin color, sus historias tienen una marcada preferencia por contar, y denunciar, sobre las formas en que los afroamericanos han tenido que vivir y luchar pasa salir adelante en una sociedad estadounidense denominada por los llamados “hombres blancos”.

De esclavos a ciudadanos, de las plantaciones al gueto, de la explotación de los azucareros a los abusos policiales, esos parecen los devenires de un grupo étnico al que Whitehead pertenece y rescata sin olvidarse de hacerle por momentos también críticas por su falta de cohesión, su falta de empatía.

En el El ritmo de Harlem y su continuación Manifiesto criminal, Whitehead nos regala seis historias en las que el personaje principal Ray Carney evoluciona de perista a encumbrado vendedor de muebles en su cada vez más amplio local de ventas de la calle Ciento veinticinco durante las décadas del sesenta y setenta. Acompañadas de una serie de variopintos personajes, casi todos con algún tipo de relación con la marginalidad, las aventuras y desventuras de Carney siempre están directamente relacionadas con la decadencia de un Harlem que parece agonizar y renacer a un mismo tiempo.

Con una prosa precisa e inquieta, Whitehead no se priva de nada. Nos hace reír, viajar, conocer y lamentar a veces en una misma secuencia narrativa. Ambos libros son la historia de un mueblero un poco ilegal, pero también la historia de un gueto neoyorkino, donde lo legal y lo ilegal se conviven de forma tan cercana y cotidiana hasta el punto de muchas veces perderse la línea que separa lo uno de lo otro.
Ingresar a la literatura de Whitehead es un viaje de ida, ¿te lo vas a perder lector?
El ritmo de Harlem (2023) de Colson Whitehead.





