Por Omar Eduardo Alonso.
Anualmente el 21 de noviembre se recuerda el Día de la Enfermería en nuestro país, pero el 12 de mayo se ha establecido como el Día Internacional de la Enfermería, en homenaje a Florence Nightingale
Una de las actividades más importantes de la humanidad es tender la mano al enfermo; de ahí que la enfermería y la medicina estén muy relacionadas. Como en muchas otras actividades, la enfermería fue practicada muchas décadas atrás por personas con vocación que adquirían conocimientos con la práctica, y muchos de ellos han quedado registrados en la memoria colectiva.
Un salto de calidad se produciría cuando hacia la década del 60 se puso en marcha un curso de auxiliares de enfermería que funcionaba en el Hospital Pirovano con la dirección del doctor Orfel Fontán, por entonces también médico de policía. Sería un punto de partida para un proceso que llevaría a contar en la actualidad con una carrera universitaria que ha ganado prestigio y que genera profesionales capacitados para cubrir una demanda que otrora superaba las posibilidades locales.
En 1987 publiqué un trabajo histórico pormenorizado y releyéndolo ahora observo que mucho de lo dicho entonces ha tenido pocos cambios. Aún conservo ese trabajo, pero además he guardado una hojita con un listado hecho a mano por Norman T. Corro, quien tuviera una larga trayectoria en la materia. Recuerdo que lo escribiría a mi pedido, como un ayuda memoria, de modo que seguramente habrán quedado en el camino muchas otras referencias; incluso puede contener algunas inexactitudes y en algún caso la mención de un apodo con que se conocía a determinada persona que ejercía la enfermería, muchos años atrás. Incluso solo algún apellido. Vaya, entonces, la transcripción de ese listado: Gloria Antonini- Berta Alegre- Gloria Bardela de Tano- Amanda Marconi- Santos Ochandio- José Padin- Elsa Alvarez- Elvira Ciccioli- “Tota” Chappaz- Vicente Ciminelli- Palmira Etcheverry- Eleazar Luquez- Luis Di Croce- “Pilo”- N. Podestá- Isabel Di Rado- Juan Carlos Caruso-Ana María Monjes.
Recibidas en aquel primer curso de auxiliares de enfermería: Norman Corro- Norma Tesone de Monroy- Lidia Domínguez- Eva Ozán- Mirta Lembi- María Rosa Mónaco- Graciela Mársico- Emilia Lembi- Irma Pechenera- Mary Troiano- Eleazar Luquez- Sergio Luquez- Amanda Trejo- Dora Orofino- Ana María Ruiz Díaz.
Un reconocimiento a todos los citados precedentemente y a otros muchos que seguramente no están incluidos en el listado. Como un homenaje reproduzco una carta que existió. No importa el lugar y la fecha en que fue escrita: “Perdón…enfermera…Quisiera pedirte tan solo un minuto de tu tiempo…Ya sé que mi rostro te resulta conocido…¿mi nombre?….no interesa, como sé que tampoco interesa mi sexo, mi religión, mi condición social….Sólo quiero que sepas que soy aquel paciente que con tanto esmero atendiste durante mi enfermedad. ¿El motivo?….tan solo decirte: GRACIAS, ya que mi dolor, mi miedo, me hizo olvidar decírtelo a su debido tiempo. Perdoná mi lenguaje simple, la sencillez de mis palabras, pero así lo siento. Quiero que sepas ¡cómo te admiraba!. No podía entender qué hilos misteriosos se movían en tu interior cada vez que convertías en madre, hermana, amiga…cuando así te necesitaba; no podía entender en qué libro de sabiduría habías aprendido tu profesión para ser tan sabia, calmando mi dolor, amenguando mi angustia, curando mis heridas. Estabas en todo, desde mis necesidades corporales hasta mis más mínimas inquietudes…¡y yo te necesitaba tanto!. Creía que era tu obligación; no pensaba que detrás de todo eso existía el infinito amor de tu alma. Yo pensaba que eran tan solo vocación y abnegación como lo había leído en una vieja poesía que de ti hablaba…pero aprendí a conocerte y te vi llorar ante el dolor ajeno que lo hacías también tuyo; te vi desesperarte ante lo insalvable; vi cómo compartías las alegrías de todos los días y disimulabas tus angustias personales para no herirnos con ellas… Y te vi en todas partes cuidando la medicación, ayudándome a caminar, alentando mi recuperación…hasta fuiste capaz de reeducarme para volver a ser lo que fui. Por todo eso me he decidido a escribirte en tu día, y es para decirte, y en ti a las demás enfermeras: GRACIAS.”
Esta crónica, además, está ilustrada por un dibujo oportunamente realizado por el genial POMO tomado como referencia a Muriel Wabney cuyo retrato estaba presente siempre en todos los espacios públicos vinculados con la salud.

La historia de la icónica fotografía fue reactualizada recientemente, pero vale recordar que Muriel era una modelo profesional de alta costura y que participó de un casting propiciado por un laboratorio privado.






