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Tres Arroyos
miércoles 18 de marzo de 2026

Juan B. Istilart, Magdalena Ruiz Guiñazú y la «cocina económica».

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Por Omar Eduardo Alonso

Mucho se ha escrito y se sigue escribiendo sobre la vida y obra de Juan B. Istilart, sin dudas la persona que protagonizó las acciones más sobresalientes de la historia lugareña. Incluso se potencia una iniciativa privada para conformar un museo de los productos que se generaran desde la fábrica, que es un justo reconocimiento de la trascendencia que tuviera.

Pocos días atrás se borró el último vestigio de esa planta industrial al ser barrido el corralón paralelo a las vías férreas y lamentablemente no se conoce alguna decisión para recuperar y preservar la vivienda de Istilart, frente al acceso al Club Huracán, en calle Suipacha.

Pero la calidad y fama de los productos, especialmente aquella cocina económica, trascendieron generosamente las fronteras locales y regionales para reconocerse en los lugares más distantes de todo el país. Con frecuencia se pueden observar comentarios y referencias en las redes sociales sobre el particular. No es tan frecuente, en cambio, encontrar una referencia explícita de parte de alguna figura prominente.

En consecuencia puede considerarse un verdadero hallazgo la mención realizada por la recordada Magdalena Ruiz Guiñazú en un capítulo de su libro “Huésped de un verano” que publicara la Editorial Planeta. Se trata de una novela, cuya segunda edición fue realizada en 1994.

La historia de Laura

En el capítulo con dicho título se cuenta: “Descalza para no despertar (sobre todo eso) a nadie, Laura baja nuevamente la escalera pero ahora hacia la cocina, la enorme cocina de campo donde flota un perfume de melón y albahaca. Las baldosas rojas del piso aún están tibias bajo sus pies. No solamente por el calor  sino por esa cocina Istilart, de las llamadas económicas, que no hace más que devorar leña como una locomotora. En realidad es como un gran pulmón que resopla mientras cuece la comida para tanta gente como sea necesario. Siempre hay lugar para una olla más sobre esa plancha de calor desigual pero que permite a verdaderos chefs, como Laura, cocinar con más o menos bríos los manjares que pueden prepararse todos juntos.”

El relato continúa describiendo también la existencia de un calentador Primus, elemento que también marcara una época en los hogares nacionales.

Me pareció interesante recoger este dato de color, de la misma manera que me parece innecesario volver sobre la personalidad de Juan B. Istilart y abundar sobre la historia y la personalidad de Magdalena Ruiz Guiñazú. Se la recuerda como una figura trascendental del periodismo argentino y quizás no tanto como autora de relatos novelados como el que refiero en esta ocasión.

Económica

Esa palabra se adosaba a la cocina Istilart. Puede apreciarse en el texto literario que se reproduce que se habla de grandes consumos, lo que significaría un contrasentido.

La realidad es que el mote de “económica” no aludía al volumen del consumo necesario, sino a la posibilidad de utilizar cualquier elemento combustible disponible en zonas rurales y periféricas de las ciudades, lugares donde se colocaban esas cocinas.

No solamente leña de madera podía utilizarse sino también la denominada “leña de vaca” producto de sus desechos naturales, huesos, alpargatas viejas, trapos, etc.

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