Por Javier Kristensen
El resultado eleccionario a nivel nacional fue una sorpresa para propios y extraños, que proyectaban la elección del 7 de septiembre en Buenos Aires hacia todo el país.
No sólo los resultados fueron adversos en 17 de las 24 provincias para Fuerza Patria, sino que la Provincia madre de todas las batallas, Buenos Aires, fue ganada por La Libertad Avanza, cuando hace poco mas de dos meses el kirchnerismo había triunfado por 13 puntos.

¿Qué dijeron ayer las urnas? Varias cosas, que hay que saber leer y que pueden cambiar como cambia el viento. El resultado dejó en claro que los votos no tienen dueño, pero si tienen impulsores. En septiembre los aparatos locales de los intendentes se movilizaron, sobre todo los del peronismo, y lograron traccionar a favor de su espacio político. Esta vez, sin reparto de boleta ni intereses locales en juego, la decisión la tomó el votante.
Para el gobierno mas que un triunfo es la última chance. Aún sobre el esfuerzo diario de los que no llegan a fin de mes, aún con los escándalos de Spert y Libra, aún con una educación y una salud que requieren mas presupuesto, le volvieron a dar una oportunidad. Menos por amor que por terror a la vuelta de quienes a lo largo de mas 20 años gobernaron Argentina en beneficio propio y de los suyos, exprimiendo el Estado hasta límites insoportables, remendando con subsidios y presupuestos de ficción la debacle de todos los aspectos de la vida comunitaria. Argentina durante el kirchnerismo fue peor en todo: en seguridad, en valores, en corrupción, en salud, en educación. Solo se salvaron ellos tras un mecanismo implacable de corrupción y los que se cobijaron a su lado recibiendo las migajas que el estado les deparaba.
Argentina enfrenta a partir de hoy un desafío enorme de cambiar su lógica política para siempre. No puede La Libertad Avanza desaprovecharla como lo hizo Juntos por el Cambio luego de su triunfo legislativo de medio término. La suerte está echada.





