Por Nacho Garcia Zurita.
Hay historias que marcan a una generación o a varias. Y es indudable que la Guerra de Malvinas es una de los dos hechos de la historia reciente nacional que más debates, desencuentros y tristezas ha suscitado y suscita. Desde la rendición de las fuerzas argentinas el ya lejano 14 de junio de 1982 a hoy 18 de octubre de 2025, dos memorias contrapuestas se han ido constituyendo en una pugna por imponer un relato hegemónico y parcial sobre los hechos de la Guerra. La primera de ellas, nacidas en los albores de la democracia alfonsinista, es una memoria desmalvinizadora que da la espalda principalmente a los veteranos de guerra, instaurando un relato condenatorio de la dictadura y negándoles el papel de combatientes a los que allí pelearon. La película Los chicos de la Guerra (1984) del director Bebe Kamín es un claro exponente de dicha corriente, donde se les niega a los soldados su rol de combatientes transformándolos en chicos, víctimas de la dictadura.

Con el paso del tiempo, casi entre fines y comienzo del siglo XXI, nació un segundo relato que reivindica los hechos de Malvinas, la valentía de los combatientes, y que, en su afán de derribar los mitos negativos de la memoria desmalvinizadora, en algunos casos ha atentado contra la verdad histórica que intentaba alumbrar.

¿La novela de Sacheri se enmarca en alguna de las memorias en pugna? La verdad que no. Promete mucho más de lo que muestra, y se juega poco o nada en lo que cuenta. Una docena de personajes un tanto planos, por no decir planos, que reproducen estereotipos de la época sin aportar nada nuevo. Una seguidilla de lugares comunes que parecen conducir a más lugares comunes entre la invasión y derrota en Malvinas. Y poco más. Nada nuevo en el horizonte.
Demasiado lejos ha quedado demasiado lejos de obras del mismo autor como La pregunta de sus ojos o La noche de la Usina. Libro: Demasiado lejos (2025) de Eduardo Sacheri





