River sufrió este sábado una derrota dura ante Atlético Tucumán, al caer 2-0 con un equipo que Marcelo Gallardo armó con varios suplentes. Fue otra señal de alerta para el Millonario, que parecía querer cuidar sus piezas pensando en la revancha de Copa Libertadores, pero terminó pagando muy caro esa decisión.

Desde el arranque, el Decano aprovechó mejor la localía. A los 12 minutos, Clever Ferreira remató de cabeza tras un córner bien ejecutado y sorprendió a un River que salió desconcentrado, especialmente en las jugadas a balón parado. Tucumán tomó ventaja rápido, manejó los tiempos y obligó al conjunto visitante a correr detrás del partido.
River intentó sacudir el resultado con posesión, buscando asociaciones, sobre todo por los laterales, pero le faltó punch ofensivo: pocas llegadas claras, imprecisiones en el último pase, poca profundidad. En el minuto 67, una falta cometida sobre Nicolás Laméndola dentro del área derivó en penal, ejecutado por Leandro Díaz, que amplió la ventaja para Atlético. Ese gol dejó al equipo local en control total.
El equipo con suplentes mostró algunos destellos positivos, pero en general no consiguió imponerse. Fue una noche en que se notó la falta de ritmo, de coordinación en ataque, y cierta fragilidad defensiva cuando Tucumán lo exigió. Al final, fue derrota sin argumentos suficientes para cambiar el destino.
Para River la caída implica perder el liderato y mostrar grietas en profundidad de plantel. Atlético Tucumán, por su parte, ganó con justicia, bien parado tácticamente, concentrado y efectivo en los momentos clave.
Ahora, el desafío para Gallardo y sus jugadores será recuperarse rápido, porque que hay partidos importantes por delante y la confianza se resiente. Si el equipo no ajusta errores, podría cruzarse con malos resultados encadenados.





