Por Nacho Garcia Zurita.
La mayoría de las veces los escritores nos cuentan historia, una, a lo sumo dos; y en contadas ocasiones nos cuentan cómo es la vida, una entrevero de mil historias individuales y colectivas que juntas, en sus avenencias y desavenencias, escriben la HISTORIA con mayúsculas. Este es el caso del hermoso y, por momentos, complejo libro de Marianne Wiggins Las propiedades de la sed donde la historia de media docena de profundos personajes se ven atravesados por el peso de sus propias vidas y por el contexto histórico que atraviesan.
¿El de Wiggins es un libro de guerra? No, pero tiene el ataque a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941 como uno de los puntos disparadores de la trama.

¿Es un libro de denuncia? No, pero Wiggins se atreve a tocar un punto que la mayoría de los estadounidenses prefieren olvidar como la Orden Ejecutiva 9066 emitida por el presidente Roosevelt para trasladar y encerrar en campo a más de cien mil ciudadanos estadounidense de origen japonés hasta el final de la Segunda Guerra.
¿Es un libro de ecología? No, pero a partir del mismo se deja en evidencia el desastre ecológico y económico producido en el este del estado de California por el Departamento de Agua de Los Angeles, en su afán de abastecer del preciado líquido a su población entre fines del siglo XIX y primer parte del Siglo XX.
¿Es un libro de amor? Sí, y también de odio. Pero principalmente de amor, de amor entre hermanos, entre padres e hijos, entre vivos y muertos, y entre pares. ”No se puede salvar lo que no se ama”, ese será el latiguillo con el que la autora nos recordará a lo largo de sus seiscientas páginas de que trata la vida: la de sus personajes… y quizás también la nuestra.
Libro: Las propiedades de la sed (2024) de Marianne Wiggins.





