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Tres Arroyos
domingo 22 de marzo de 2026

¿Es esto Tres Arroyos?

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Por Javier Kristensen.

Son las dos de la tarde, y decenas de mujeres y hombres, ataviados con las ropas de cualquier trabajador, venidos desde las nuevas barriadas de la ciudad, forman fila en lo que otrora fue un templo evangelista y hoy es un depósito de mercadería administrado por no se sabe quien. Un «zampi «cargado de bolsas de material espera que su carga de bolsas de cemento sea distribuida entre la fila de ilusionados. Se ven caras conocidas organizando la «repartija», personas que durante el horario matutino cumplen tareas públicas en beneficio de los los consumidores, de los jóvenes y del vecino de nuestra ciudad.

Es la hora donde la ciudad está comenzando su ritmo laboral de tarde, y es al 600 de la calle 9 de Julio, cuatro cuadras del centro donde otro centenar de hombres y mujeres abren sus comercios, o el comercio donde son empleados, para ganarse el sustento diario, y esquivarle a la crisis, y a los males endémicos que como patologías crónicas aquejan a nuestra Argentina.

Falta una semana para las elecciones, y no queda poste de luz ni tan siquiera árbol que no haya sido usurpado por caras sonrientes que pretenden ser votadas. Una enorme vidriera a lo largo y a lo ancho del ejido urbano ocupada en su mayoría por la foto del intendente y su candidato, y debajo o arriba otros partidos que compiten sin maquinaria del estado por vender su simpatía y trocarla por votos.

La tarde avanza, y en una de las tantas calles de tierra del Tres Arroyos profundo un pequeño camión esquiva pozos evitando que su carga de colchones caiga al barro. Serán ofrenda anticipada realizada a la promesa de un voto. Mientras tanto se inauguran plazas, luces, se tapan pozos apurados, se hacen anuncios de futuros mejores e improbables.

El próximo domingo será efímero, y el lunes la realidad volverá a poner las cosas en su sitio. Ya no habrá candidatos, ya no habrá posibles votantes, hasta dentro de dos años, cuando el eterno retorno vuelva a comenzar. En medio, la vida real, aquella en la que cada hombre y cada mujer que hoy espera un colchón, una bolsa de material, o cualquier otra dádiva electoral, o cada uno de los que prefieren salir a conquistarlo a fuerza de trabajo y esfuerzo individual, advierten con mas o menos clarividencia, pero con un profundo sentido de realidad, que nadie se salva solo, y que si dejamos de construir proyectos para trocarlos por píldoras electorales, su mundo, que es Tres Arroyos, cada vez será peor, y tendrán que volver a la fila a esperar una ofrenda efímera.

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