Por Javier Kristensen
Definiciones de política abundan, en los libros y en la calle. En pocas ocasiones valorada por los argentinos, «la política» parece ser el resumen de todos los males que nos aquejan. Quizá por eso la gente se va lejos de ella, se escapa lo mas que puede hasta que un domingo se levanta y tiene que ir a votar. ¿Cómo y porqué elije una boleta y no otra? Nadie lo sabe: tradición, simpatía, impulso. Pocas veces lo hace con la convicción que ese trozo de papel le va a solucionar la mañana del día posterior, cuando salga a la calle a enfrentar la vida.
«La política es el arte de lo posible», decía Otto Bismark, y es «demasiado seria para dejarla en manos de los políticos» completaba Charles de Gaulle; también el ocurrente Perón le ponía palabras cuando decía que «no es ni mala ni buena, es el arte de conducir pueblos». Todo eso es cierto, y mucho mas que sin política no existiría vida en comunidad, porque nos gusto o no, tengamos conciencia o no, si no hay acuerdos sociales no hay convivencia posible. Argentina tiene extremadas dificultades de arribar a acuerdos, y por eso, estamos como estamos y no somos lo que deberíamos.

Los acuerdos se imponen desde las mayorías gobernantes, y la construcción social y comunitaria se esfuma al ritmo de las imposiciones ideológicas. Pasó con el kirchnerismo, y está pasando con La Libertad Avanza, que en las últimas semanas perdió el control de los principales factores que lo llevaron al poder.
Cuando no se utiliza la política para construir consensos, cuando gobernar es imponer, cuando no se conduce al pueblo sino se le impone, la sociedad vive dividida entre ellos y nosotros, entre los fanáticos de uno y otro lado, que son siempre menos que la «amplia calle del centro», donde habita todo ese universo que desencantado no sabe que se vota ni a quien votar. Este proceso no es inocuo, los países, las provincias y las ciudades comienzan a deteriorarse, empobrecerse y embrutecerse al ritmo de los malos gobernantes. Al menos tenemos, cada dos años, la posibilidad de elegir que así no siga siendo. Participando en una lista, o por lo menos votando a una lista. Parece poco, pero es lo esencial que aún nos permite mantener la ilusión.





