Por Nacho Garcia Zuritta.
Hay lugares que a pesar del paso del tiempo aún humean, el aire que se respira al evocarlos es pesado, casi que asfixia. Muchos de esos lugares principalmente son parte de nuestra historia reciente, ese periodo tan difícil de delimitar por los historiadores, y mayoritariamente visitado por los periodistas. Por eso quizás no sea tan extraño que un experimentado periodista boliviano, Ricardo Ragendorfer, haya sido el que se decidiera a investigar y narrar la mayor infiltración que sufrió la guerrilla del ERP en los meses previos al intento de campamiento del Batallón Depósito de Arsenales 601 Domingo Viejobueno de Monte Chingolo la tarde noche del 23 de diciembre de 1975.

En su libro Los Doblados, Ragendorfer tiene un personaje principal para expresarlo de forma literaria ya que Rafael de Jesús Ranier, más conocido como el Oso, fue un hombre de carne y hueso, un lumpen de orígenes humildes y de filiación peronista que captado por un oficial de Inteligencia del Ejército terminaría por causar uno de los mayores golpes a la guerrilla marxista. Ampliamente documentado el autor reconstruye el trabajo de hormiga de varios agentes infiltrados, los doblados, que desde distintitos lugares fueron importantes en la lucha por desarticular a los grupos guerrilleros. Ese el caso de Ranier, que desde un rol muy subalterno como chofer, irá labrando un camino de caída de militantes y casas seguras, hasta llegar a su gran contribución en el sabotaje al intento de copamiento.
Los Doblados nos habla de una Argentina de años de plomo, de gente de plomo, años grises y trágicos donde los Ranieres de turno fueron peones en la sangrienta “partida de ajedrez” disputada entre las fuerzas genocidas del Estado Terrorista y las minúsculas y combativas fuerzas de los cuadros del ERP y de Montoneros.
Libro: Los doblados. Las infiltraciones del Batallón 601 en la guerrilla argentina (2016) de Ricardo Ragendorfer.





