Por Nacho García Zurita.
El día que decidió dar el gran paso del periodismo a la ficción, el ahora famoso y prolífico escritor irlandés John Connolly, no dudó en apostar a todo o nada. Y vaya bien que le salió su apuesta a partir de la puerta que le abrió su opera prima Todo lo que muere, la que a la postre inauguraría la extensa y exitosa saga policial, por momentos negra y sobrenatural, del inspector Charlie Bird Parker.

En las primeras páginas, sin pérdida de tiempo ni desvíos, Connolly nos presenta al inspector neoyorkino de policía Parker volviendo a su hogar luego de una disputa con su esposa para encontrar a la misma y a su hija asesinadas y luego desfiguradas por un asesino serial que responderá al nombre de El Viajante. Ese es el fin del mediocre policía que habitaba en Parker, para dar lugar a un cazador, por momentos justiciero, que no descansará hasta dar con el asesino de su familia que lo sumió en el infierno.
Desde la cosmopolita New York hasta el profundo y complejo sur estadounidense, Parker intentará dar con El Viajante para vengar a sus esposa e hija, y para infringirle dolor, porque rápidamente quedará claro que el detective engendrado por Connolly no es un justiciero, sino una fuerza vengadora que no dudará en actuar, y muchas veces romper la ley, para dar caza a sus presas al igual que actúa un depredador preso de sus instintos de sangre.
Todo lo que muere se puede leer como una novela aislada, pero también como el primer escalón de una larga saga de 25 novelas, donde el personaje del inspector irá evolucionando en una extraña, y por momentos no clara, “cruzada” contra fuerzas delictivas que, muchas veces, no tendrán más intención que encarnar la quintaesencia del propio mal.
Libro: Todo lo que muere (1999) de John Connolly.





