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jueves 19 de marzo de 2026

Hace 25 años fallecía René Favaloro.

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Cada 29 de julio, la Argentina recuerda con respeto y tristeza a uno de sus grandes referentes: el doctor René Gerónimo Favaloro. Cardiocirujano, educador, humanista, creador del bypass coronario y una figura irrepetible en la historia del país, Favaloro murió en 2000, pero su huella sigue marcando generaciones de médicos, pacientes y ciudadanos.

Nacido en La Plata en 1923, Favaloro estudió Medicina en la Universidad Nacional de La Plata. Tras recibirse, se radicó en Jacinto Arauz, un pequeño pueblo de La Pampa, donde ejerció como médico rural. Allí, no sólo atendía a los enfermos, sino que también se dedicó a la prevención, al acceso a la salud en zonas alejadas y a educar a la población. Su paso por la medicina rural lo marcó para siempre.

En la década del 60, su carrera dio un giro trascendental cuando viajó a Estados Unidos y se sumó al equipo de la Cleveland Clinic. Fue allí donde, en 1967, realizó por primera vez en el mundo la técnica del bypass aortocoronario, un procedimiento que revolucionó la cirugía cardíaca y salvó millones de vidas. A partir de entonces, su nombre quedó asociado para siempre a la excelencia médica.

Pero Favaloro no se detuvo. A su regreso a la Argentina en los años 90, fundó la Fundación Favaloro, un centro de salud, docencia e investigación que buscaba unir la medicina de calidad con la formación de profesionales éticos y comprometidos. Su sueño era construir un país más justo a través de la educación y el acceso igualitario a la salud.

Sin embargo, el país que lo formó y al que volvió con todo su conocimiento no supo acompañarlo. Años de crisis económica, falta de apoyo estatal, deudas impagas y un sistema de salud en decadencia llevaron a Favaloro a una situación insostenible. El 29 de julio del año 2000, solo y desbordado por la frustración de ver que su proyecto se desmoronaba, Favaloro decidió quitarse la vida con un disparo al corazón. Tenía 77 años.

Su muerte conmocionó al país entero. Fue una denuncia en sí misma, un grito de dolor ante la indiferencia y la corrupción. Pero también fue el inicio de una conciencia que, aún hoy, lo pone en el lugar de los imprescindibles.

A 24 años de su partida, el nombre de Favaloro sigue siendo sinónimo de compromiso, honestidad, ciencia y humanismo. La Fundación que lleva su nombre continúa formando médicos y profesionales de la salud con los valores que él encarnó: la ética, la solidaridad, la excelencia académica y la vocación de servicio.

En un país que necesita referentes, Favaloro sigue siendo faro. Su vida fue un ejemplo, y su muerte, una advertencia.

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