El humo blanco comenzó a surgir de la chimenea mas observada del mundo. La Plaza San Marcos estalló de alegría. El mundo tenía nuevo Papa. Eran las 14.10 de nuestro país, las 19.10 en Roma.

El Cardenal Dominique Mamberti fue el encargado de comunicar al mundo que Robert Prevost, obispo de Chiclayo (Perú), nacido en Estados Unidos el 14 de septiembre de 1955 ( 69 años), pero también de nacionalidad peruana, había sido sido designado por el Cónclave Cardenalicio como el nuevo pastor de la Iglesia Católica. La elección se produjo en la tercera votación, al segundo día de haber iniciado el cónclave. Si bien se lo consideraba un posible papable sus chances eran ínfimas antes de comenzar el cónclave, porque nadie pensaba en un papa norteamericano, el primero de la historia.
En su primer saludo al mundo no le habló solo a los cristianos, sino a «los corazones de toda la tierra», rogó porque la Iglesia Católica siga construyendo puentes y busque la paz, y recordó especialmente al Papa Francisco al decir «todavía conservamos en nuestros oídos esa voz débil pero siempre valiente del papa Francisco, que bendecía a Roma».
El mundo comenzará ahora a analizar esta nueva época, con un papa nuevamente americano, con fuertes raíces latinoamericanas, con semblante de mansedumbre y paz, que al igual que Francisco pertenece a una Orden Religiosa (es Agustino), que se animó a mostrar algunas lágrimas y que tiene la inmensa y sagrada misión de ir en busca de la paz en un mundo que la desafía todo el tiempo.





