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Tres Arroyos
viernes 20 de marzo de 2026

Claromecó perdió parte de su historia.

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Por Javier Kristensen.

Tenía 19 años, y mi pasión por el periodismo casi la misma edad. Había decidido estudiar la carrera, y en el verano del primer año pedí trabajo en La Voz del Pueblo. A través de Popi Guido llegué hasta Mario Ceriani, Jefe de Redacción del diario local. No sin desconfianza en ese pibe medio irreverente de pelo largo -si, de pelo largo aunque los que hoy me vean no puedan creerlo-, y jean roto como se usaba en los principio de los 90, se inclinó sobre su escritorio y por sobre los antejos me dijo: «Vas a hacer la corresponsalía de Claromecó durante el verano. Escribí una crónica todos los días –me dio una Olivetti marrón– y cualquier duda sobre pesca y sobre Claromecó, le preguntas a Victor».

Victor era Dubovik, pero además «Victor Sport» y también era fotógrafo, y era el que mas sabía de pesca o por lo menos el que mejor explicaba. Y desde ese 1 de enero del ´92 hasta que pude no dejer nunca de preguntarle a Victor. Porque sabía todo de Claromecó, y porque Claromecó sabía de el como un hombre íntegro, emprendedor, manso hasta que dejaba de serlo con razón, culto, respetuoso, dueño de una historia que construyó con sus propias manos, y con sus ojos pequeños para su corpulencia mirando siempre el horizonte donde el mar se funde con el cielo.

Me atendía todas las mañanas en su oficina detrás del mostrador de «Victor Sport», la única casa de pesca y camping que Claromecó tenía por esa época, allí en calle 30 casi costanera, frente a la plazoleta. En su sillón, creo que rojo, se echaba hacia atrás, corría algún reel de pesca que estaba sobre la mesa y la cámara de foto, otra compañera inseparable de su vida, y me comentaba las novedades de la pesca. Yo nunca entendí nada de pesca, pero mi maestro era el que había pescado la primera corvina negra en Claromecó, donde ahora es la zona de balnearios, ahí frente a «Los 9 Chalets». No había embarcación que no pasara a la tardecita por lo de Victor a pesar sus piezas, y si el recuerdo de todos los que vivimos esos años son los tiburones colgados en la ganchera de la vereda, desangrándose entre pescadores felices que habían rematado su faena. Por todo eso la noche del 23 de enero de 1999, cuando las llamas consumieron su negocio, fue triste e inolvidable para todos. Otros tiempos, de otro Claromecó.

(Gentileza Radio Comunidad Claromecó)

Un Claromecó que Victor no sólo vio crecer, sino que hizo crecer. Desde sus primeros trabajos junto al Ingeniero Paolucci, ese que hoy es nombre del Vivero, quien le transmitió a Victor un enorme conocimiento sobre plantas, y así fue que tuvo tres viveros en Claromecó, hasta hace pocos años. Hasta los proyectos que luchó porque se concretaran, como el agua, el teléfono, y varias luchas que dio como privado. Fue también Delegado de Claromecó durante algunos años, allá por los 90, y su mirada de futuro, de proyectos intentó llevarlo a la gestión.

Se fue Victor Dubovik este sábado, y se fue como se van los que escriben historias, los que marcan épocas, los que dejan el legado de mirar la vida con ojos de futuro sin olvidar el pasado, que contaba y relataba a quien quisiera escucharlo, compartiendo su vida, sus proyectos, su sueño de un Claromecó que fue su lugar en el mundo.

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