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Tres Arroyos
lunes 23 de marzo de 2026

Imágenes paganas.

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Por Javier Kristensen.

Mientras escribo esta nota, en el silencio de las once de la noche de un sábado, la monotonía es interrumpida por el incesante rugido de las motos que a poco menos de 10 cuadras de mi casa, sobre el Camino de Cintura, transportan sobre sus asientos de cuero agrietado a chicos de 20 años para abajo que no conciben la idea de morir.

La muerte es ajena, lejana y de otros. A los veinte, como un número simbólico de la juventud y la libertad, todo es presente, el futuro se inventa y el pasado no existe.

Sin embargo, en poco mas de 24 horas a dos chicos de 22 años le arrebataron la vida, los sueños, el futuro. Los accidentes viales son la causa de un sinnúmero de causas, que coinciden en la falta de respeto por la vida y por el otro. No están de mas los controles de alcoholemia, los operativos, los secuestros; pero está faltando educar a una o dos generaciones que han crecido engañados en que todo vale todo y nada vale nada. Es la educación el único y último camino que nos deposita en la esperanza de evadirnos de las tragedias actuales. Tragedias que se concretan en una calle, pero se amasan en la conciencia colectiva que intenta imponer que todo está permitido, que los límites no existen, que la autoridad es un invento y que los derechos ganados cercenan los deberes a cumplir.

Franco Pegue, responsable de la Oficina de Defensa al Consumidor (OMIC), Martin Rodriguez Blanco (Director de Cultura) y Julian Tornini (Director de Juventud)

Dos chicos, pierden su vida en vida en la calle. Un concejal se duerme en la sesión. Tres funcionarios exponen en redes su brindis en medio de la fiesta en el lugar que es de todos y lo suben a sus redes. Sus mundos propios. Un comunicador es «advertido» por una empleada del Concejo que «no haga lío». La campaña ya empezó y el local partidario ya abre sus puertas a todos y todas. Todo se ve, todo se escucha, y todo hay que mostrarlo como si fuera una fiesta. En medio de calles sembradas de pozos y tambores sin señalizar, en medio de las tragedias que conmueven a toda una comunidad, la fiesta debe continuar y debe mostrarse. El ruido de los escapes libres que simulan libertad se mezcla con el ritmo de una cumbia que llega desde el escenario donde cientos de personas viven otra fiesta mas. Imágenes paganas de un presente desorientado, que interpelan mas que mil palabras, que son mas verdad que cualquier comunicación oficial.

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