Ramon Gigon nació en Pringles, y heredó de su padre, la pasión por la agronomía, el campo, y también el vino. Se recibió hace unos diez años de Ingeniero Agrónomo, y como empleado de INTA se acercó a Tres Arroyos para trabajar en la Chacra Experimental de Barrow. Allí realizó su formación de posgrado orientado a malezas, y un día decidió emprender su propio camino, para explorar y aventurarse en todo aquello que le apasiona: la producción, el asesoramiento como agrónomo, y recientemente la vitivinicultura. Primero abrió una vinoteca , «La Esquina», y ahora decidió ir por mas. Decidió que por primera vez Tres Arroyos tenga su propia producción de vino con vides sembradas en nuestras tierras. En familia, con amigos, dio forma a este proyecto de la propia viña, que con paciencia y tiempo ofrecerá vinos íntegramente elaborados en Tres Arroyos. Una historia de familia, de amistad, y sobre todo de pasión, de seguir aquello que se siente, de escuchar al corazón.

7500: ¿Cómo nace la idea de hacer un viñedo en Tres Arroyos?
RG: «Nace de la pasión por el vino, que es un tema familiar, de mi viejo, mis hermanos, empezamos con mi esposa y una socia abriendo una vinoteca que se llama «La Esquina«, y a partir de ahí empezamos a pensar en plantar un viñedo propio en una superficie que tengo disponible en campo experimental que está sobre ruta 85 a un par de km. de la bajada de la ruta 3. Así que preparamos todo y hace unos meses convocamos a amigos, familiares, y entre todos plantamos las vides.»

7500: ¿Con quien te asesoraste para un cultivo tan especial en una zona que no es clásica?
RG: «Tenemos el asesoramiento de Cesar Cárdenas, un enólogo mendocino que asesora varios viñedos en la provincia de Buenos Aires, uno en Madariaga, otro en Tandil y otro en Médanos.»
7500: ¿Cuáles son los tiempos del proyecto?
RG: «A diferencia de lo que estamos acostumbrados en la pampa húmeda de cultivos cortos de 5 o 6 meses como maiz, trigo, girasol, el viñedo es un cultivo a largo plazo, un cultivo intensivo que hay que esperar para tener el fruto a 4 o 5 años, esto obliga a cambiar la cabeza, es un desafío diferente de manejar los tiempos y sobre todo las ansiedades.»

7500: ¿Cómo fue tu camino para llegar a la vitivinicultura?
RG: «La agronomía me llevó a la enología, la enología tiene mucho de agronomía, y como estamos relacionados con la producción y el trabajo con vegetales se empieza a prender una lucecita del tema vitivinicultura. Estamos aprendiendo, con mucha humildad, asesorándonos con gente que sabe, leyendo y empezando a aprender. Además en una región como la provincia de Buenos Aires donde todavía está mucho por descubrir, por eso el desafío es aún mayor, porque los terruños de la provincia están recién arrancando y queda todo por explorarse. Esto está en el punto inicial.«
7500: ¿Quién te acompaña en este proyecto?
RG: «Es un proyecto familiar y empresarial. Lo hacemos con mi esposa Patricia, y todo dentro del marco de «RG Malezas», que es mi empresa, donde en el campo hacemos no solo experimentación apuntando al tema malezas, sino mucho de eventos, relaciones públicas, reuniones, y pensamos que el viñedo va a cumplir una función muy importantes en estos eventos y recorridas y va a potenciar el campo experimental. Nos acompaña también la vinoteca La Esquina, donde estamos con nuestra socia Celeste Olsen, pensando en poder comercializar el vino que un día produzcamos y le estamos dando a la vinoteca una impronta con apoyo a viñedos y bodegas de la provincia de Buenos Aires, con vinos regionales de nuestra zona.»

7500: ¿Te definirías como un emprendedor?
RG: «Si, me puedo definir como un emprendedor. Fui mutando con mi profesión y mi trabajo, porque al principio trabajaba en relación de dependencia en INTA, allí tuve toda mi formación académica y de post grado, una etapa de aprendizaje y de crecimiento, y ahora pasados unos diez años, estoy con varios proyectos. Siempre estoy inquieto y buscando nuevas alternativas en lo que tiene que ver con la producción, el asesoramiento y lo que es ahora vitivinicultura.»

En algunos años, los tresarroyenses podremos incluir en nuestra marca identitaria, que no solo producimos trigo, fideos, galletitas, tanque de combustible, malta, cocinas a leña, sino también vino. El vino viene, y viene para integrarse a nuestra forma de ser tresarroyenses, de la mano de un pringlense, pero que encontró en nuestro suelo el mejor terruño para sembrar el trabajo y los sueños que toda botella de vino deja escapar al abrirse.








