Los años 90 habían comenzado. En fútbol la Selección sufriía por un penal que no fue en la final contra Alemania y nos quedamos sin bicampeonato. Diego lloraba sacándose la medalla. Diego es Maradona, para quien por ahí tiene menos de 40 y no registra esa simbiosis entre un nombre y el ídolo. Maradona por esa época habitaba la cima del mundo. No había recóndito lugar de la tierra donde no se conociera su nombre. Sin internet, sin redes, sin cable. Sólo con su magia y su liderazgo.

Largo sería contar su vida por esas épocas, pero para quienes no lo saben, cuando en ningún lugar encontraba un sitio para estar en paz y poder ser un poco libre, lo encontró en Marisol, cerquita de Oriente, partido de Coronel Dorrego. Allí Diego pasó dos temporadas, un mes en el 92 y otro en el 94. No era un jugador retirado, o mejor dicho, quería retirarse y los futboleros lo volvimos a convocar para que nos salve del desastre. Desde ahí y hasta el último de sus días, y aún hoy, seguimos usando a Diego para lo que nos conviene.

En Marisol era tremendamente feliz, salía a pescar, comía asados, pasaba todo el tiempo del mundo con su familia, y tanto fue así que su ex mujer y su hija mayor, Dalma, no pueden olvidarlo mas de 30 años después. Por eso, en estas fechas en que Marisol cumplió años, le dedicaron estos saludos. Marisol, el lugar donde Diego fue libre, fue feliz, fue Diego.






