La tarde del lunes 18 de mayo de 2026 quedará en la memoria colectiva como la tarde en que murió el mayor símbolo de la historia de Claromecó. No fue muerte natural, fue un patrimonicidio, un historicidio, un asesinato a cielo abierto de gran parte de nuestras raíces como comunidad, de nuestra ideosincracia, de aquello que estamos hechos la mayoría de los tresarroyenses y claromequenses.

La casa de Hurtado simbolizaba el origen de un pueblo. Estaba construida sobre el primer lote vendido por la familia a Bellocq en Claromecó luego de su loteo en 1917. Los adquirentes fueron el matrimonio formado por Juan Antonio Hurtado y Otilia Marollé, que a su vez tenía una hermana, Alicia, casada con Pedro Bellocq, primo de los titulares de las tierras sobre las cuales se construyó Claromecó. La casa estuvo terminada en 1920, y era la primera construcción de ladrillos y cemento. Tenía valor arquitectónico, cultural, histórico, pero sobre todas las cosas comunitario. Alcancé a contarle a mis hijas que esa construcción era la primera de Claromecó, aún antes que fuera Claromecó. Que sus dueños eran familiares directos de quienes decidieron ceder parte de sus campos para que sean el suelo sobre el que se edifique ni mas ni menos que un pueblo, ese pueblo que hoy se llama Claromecó.

Los ricos de ayer fundaban ciudades, los ricos de hoy destruyen historia. Los de ayer pensaban un futuro común. Los de hoy una linda vista para su casa de veraneo.
La propiedad había sido adquirida el año pasado por un integrante de una reconocida familia tresarroyense, y comenzó el camino administrativo hacia su demolición con un escrito firmado por un letrado, dirigido al intendente solicitando autorización para la demolición, advirtiendo que cualquier daño que se ocasione por el estado de la vivienda será exclusiva responsabilidad del municipio.
El expediente comenzó a recorrer reparticiones públicas, fue a Planeamiento Urbano, desde allí llegó a la Comisión de Patrimonio en el mes de enero -porque era una construcción anterior a 1950-, y la Comisión realizó diversas acciones, tales como reunirse con el dueño -que tiene su casa en Claromecó sobre avenida 26 lindera a la propiedad hoy demolida-, recorrer la vivienda con un grupo de arquitectos e ingenieros que constataron el perfecto estado de la estructura, aún en condiciones de inhabitabilidad, se sorprendieron del buen estado general de una propiedad de casi 90 años frente al mar. En el mes de abril la Comisión de Patrimonio realizó una video llamada con el Director de Patrimonio de la Provincia, para poder interiorizarce en el tema, y en medio del análisis que estabe desarrollando la Comisión sucedió el temporal de hace algunas semanas, el propietario del inmueble sacó las aberturas, luego el techo y finalmente ayer puso fin a la histórica construcción.
El propietario de la vivienda ya había actuado de igual manera con una propiedad sobre calle 1810 al 130, frente a un conocido supermercado, demoliéndola sin aguardar autorización del municipio. En esta caso, con el pedido de demolición en trámite, con la falta de previsión del ejecutivo que no paralizó la obra ni colocó faja como suele hacer con construcciones aún insignificantes que poseen irregularidades, y con la Comisión de Patrimonio aún trabajando en el tema, un par de martillos tomaron la decisión.
Quedará por delante determinar las responsabilidades y los daños causados. No sólo a la ex construcción. Sino a la memoria colectiva, a la historia de un pueblo, y a la ideosincricia de una comunidad que ya no podrá volver atrás el atropello perpetrado.





