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Tres Arroyos
martes 7 de abril de 2026

Cuando el resultado no justifica las palabras.

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Por Matias López.

En el fútbol, como en la vida, no todo se mide en el resultado. Y mucho menos en una palabra.

Denominar con palabras como «humillación», «paliza histórica» o «vergüenza», u otros términos similares el resultado de un clásico de barrio no es una decisión inocente. No es solo una elección estilística ni una forma de “impactar” al lector. Es, en definitiva, una manera de construir sentido. Y ahí es donde el periodismo tiene que hacerse cargo.

Sí, fue 8 a 1. Un resultado abultado, inusual, difícil de digerir para cualquier institución y, más aún, en un partido cargado de historia, pertenencia y emociones como lo es un clásico. Pero ¿alcanza eso para hablar de humillación? ¿O estamos cruzando una línea que va más allá del análisis deportivo?

Las palabras que como “humillación” o «vergüenza» se elijen para describir un resultado, no describen un marcador, definen una situación de sometimiento, de degradación, de daño simbólico. Lleva una carga emocional fuerte, que trasciende lo que ocurrió dentro de una cancha. Y cuando se la instala desde un medio de comunicación, no queda solo en el papel o en la pantalla: baja a la tribuna, se mete en la conversación cotidiana, alimenta cargadas que muchas veces escalan y terminan en algo más que una simple chicana futbolera.

El periodismo deportivo —sobre todo en el ámbito local— no puede perder de vista el contexto en el que trabaja. No está narrando un espectáculo lejano, sino historias que involucran vecinos, familias, pibes que juegan en inferiores y dirigentes que sostienen los clubes a pulmón. Cada palabra impacta ahí, cerca, sin filtro. Y esto no es hacer periodismo de periodistas, sino de poner un punto de atención sobre el modo en que las palabras construyen sentido, y la responsabilidad mediática de colaborar darle forma a la realidad.

¿Se puede marcar la magnitud del resultado? Por supuesto. ¿Se puede hablar de goleada histórica, de dominio absoluto, de una tarde inolvidable para uno y muy dura para el otro? Claro que sí. Hay recursos de sobra en el lenguaje para describir lo que pasó sin caer en términos que rozan lo innecesario o lo desmedido.

Porque también hay algo más importante: el fútbol sigue. El próximo domingo hay revancha, hay otra fecha, otra historia. El club que perdió no deja de existir ni de tener valor por un resultado, por más duro que sea. Y el que ganó, tampoco necesita de la exageración para dimensionar su logro.

Comunicar no es solo contar lo que pasó. Es elegir cómo contarlo. Y en esa elección, siempre, hay una responsabilidad.

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