Este 2 de abril se conmemora en todo el país el Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra de Malvinas, una fecha que remite directamente a 1982, cuando se llevó adelante la denominada Operación Rosario, el desembarco de tropas argentinas en las islas que marcó el inicio del conflicto bélico con el Reino Unido.

Aquel 2 de abril, hace 44 años, fuerzas militares argentinas tomaron el control de las Islas Malvinas en una acción planificada por la última dictadura cívico-militar. La operación logró en pocas horas el repliegue de la administración británica en el archipiélago, en lo que fue presentado por el gobierno de facto como una recuperación de la soberanía. Sin embargo, ese hecho derivó rápidamente en una guerra que se extendió por 74 días y dejó un saldo de 649 soldados argentinos muertos, además de cientos de heridos y secuelas que perduran hasta hoy.
La fecha también invita a revisar el contexto en el que se tomó la decisión. En el tramo final de la dictadura, con una profunda crisis económica, política y social, la conducción militar impulsó la recuperación de las islas como una estrategia para sostenerse en el poder. Ese escenario significó que miles de jóvenes —en su mayoría conscriptos— fueran enviados al conflicto en condiciones muchas veces adversas.
Argentina conoció entonces el horror de la guerra y las consecuencias de una decisión tomada por un gobierno sin legitimidad democrática. Pero también emergieron historias de compromiso, valentía y compañerismo. El desempeño de los soldados en el frente dejó en evidencia el grado de entrega de quienes combatieron, así como el vínculo con una causa que forma parte del reclamo histórico del país.
Con el paso del tiempo, la sociedad argentina incorporó nuevas miradas sobre el conflicto. A la reivindicación de la soberanía se sumó el reconocimiento a los veteranos y caídos, y una reflexión más amplia sobre el valor de la democracia. La experiencia de Malvinas dejó una enseñanza que se consolidó en las décadas siguientes: las decisiones trascendentes deben estar enmarcadas en instituciones democráticas, y ese sistema debe ser preservado.
A más de cuatro décadas del inicio de la guerra, el 2 de abril se mantiene como una jornada de memoria activa. Un día para recordar a quienes no regresaron, acompañar a quienes sí lo hicieron y sostener una reflexión colectiva sobre el pasado reciente y su impacto en el presente.





