El habitual silencio de los caminos vecinales que conectan Tres Arroyos con Claromecó se vio interrumpido este domingo por un sonido distinto, ligado a otra época del automovilismo. Una caravana de baquets —vehículos históricos que marcaron los primeros años de las competencias en el país— protagonizó un recorrido que combinó la pasión por los autos antiguos con una acción solidaria.

La actividad fue organizada por el grupo Baquet y Cía junto al Club Tres Arroyos 24 de Abril, y consistió en un paseo recreativo que unió ambas localidades a través de caminos rurales.

La jornada comenzó temprano, alrededor de las 7.30, cuando cerca de veinte vehículos iniciaron un recorrido de aproximadamente 76 kilómetros por caminos de tierra. La elección del trayecto respondió tanto a una cuestión reglamentaria como a la esencia de estos automóviles: se trata de unidades de fines de la década de 1920 y comienzos de 1930, que no cuentan con Verificación Técnica Vehicular para circular por rutas asfaltadas y que encuentran en el polvo y el ripio un escenario acorde a su historia.
Las baquets participantes son chasis originales modificados para las competencias de la época, restaurados y mantenidos respetando su mecánica tradicional. Sin elementos tecnológicos modernos, conservan características propias de aquellos años, como su particular bocina y un diseño completamente abierto.
La propuesta tuvo además un objetivo solidario. A través de la venta de tarjetas para un almuerzo y rifas, se reunieron fondos destinados a los Bomberos Voluntarios de Claromecó, con la participación de más de cien personas.
Una vez en la localidad balnearia, la caravana recorrió la costanera en un simbólico saludo al mar antes de dirigirse al Camping Luz y Fuerza, donde se desarrolló el encuentro principal. Allí se compartió el almuerzo y distintas actividades recreativas, aunque parte del programa previsto debió suspenderse por la lluvia.
Durante la jornada también se organizaron juegos tradicionales para los más chicos, que pudieron interactuar con los vehículos y participar de propuestas recreativas. A una velocidad promedio cercana a los 45 kilómetros por hora y a bordo de autos casi centenarios, el paseo permitió revivir parte de la historia del automovilismo mientras se generó un aporte concreto para una institución de la comunidad.





