En un acto cargado de emoción y memoria, Tres Arroyos dio un paso significativo en la reparación histórica y el reconocimiento a las víctimas del terrorismo de Estado. Este sábado, el Polideportivo Municipal pasó oficialmente a llevar el nombre de Carlos Alberto Rivada, deportista tresarroyense desaparecido junto a su esposa Beatriz Loperena durante la última dictadura cívico-militar.

La decisión de bautizar el edificio con su nombre fue el resultado de un proceso participativo: primero, una encuesta abierta a la comunidad; luego, la sanción de una ordenanza del Concejo Deliberante que confirmó la propuesta. Rivada, recordado por su paso por el básquet y el fútbol tanto en Tres Arroyos como en Bahía Blanca, quedó así inmortalizado en uno de los espacios deportivos más emblemáticos de la ciudad.
El acto reunió a autoridades municipales, organismos de Derechos Humanos e integrantes de la comunidad. Entre ellos, el intendente Pablo Garate, quien no pudo contener las lágrimas al referirse al significado del homenaje. Con la voz quebrada, destacó el trabajo de quienes impulsaron la iniciativa y subrayó la importancia de mantener viva la memoria, aunque la emoción lo superó al punto de no poder concluir su discurso.
Los hijos de Rivada, Diego y Josefina, también fueron protagonistas de la jornada. Diego abrió las intervenciones y reconoció que el momento lo desbordaba, evocando la figura de su padre y su intensa vida deportiva, incluso el mismo día en que fue secuestrado. Señaló la importancia del edificio como un espacio para recordar no sólo a Rivada sino también a quienes fueron víctimas del terrorismo de Estado.

Más tarde, Josefina tomó la palabra con una mezcla de orgullo y dolor. Valoró profundamente el trabajo de los organismos de Derechos Humanos y remarcó que este reconocimiento representa “un triunfo de la memoria” en tiempos complejos. Recordó que cuando su padre fue desaparecido ella tenía apenas cinco meses, por lo que este homenaje constituye para su familia un gesto reparador tras décadas marcadas por la ausencia.
El acto incluyó también un momento artístico a cargo de Francisco Giglio, quien interpretó “Camisón de Flores”, canción que compuso en homenaje a su madre Virginia Cázalas, tresarroyense desaparecida en Buenos Aires.
Con aplausos y abrazos, la comunidad selló una ceremonia que reafirmó la vigencia de la memoria, la verdad y la justicia, y que desde ahora inscribe el nombre de Carlos Alberto Rivada en un espacio público destinado al encuentro y la vida colectiva.





