River Plate volvió a decepcionar en un momento clave. El empate 0 a 0 frente a Vélez dejó al equipo en una posición incómoda y, por primera vez en mucho tiempo, dependiendo de terceros para mantener vivas sus aspiraciones de jugar la Copa Libertadores del año próximo. El partido tuvo algunos arranques de intensidad, pero River careció de profundidad y volvió a exhibir uno de sus mayores problemas actuales: genera, pero no concreta.
El Millonario atraviesa un presente preocupante. La sequía de goles ya se transformó en un síntoma evidente de una estructura que perdió fluidez, confianza y precisión. El equipo insinúa, pero no golpea; domina ciertos tramos, pero no lastima. Esta versión apagada lo llevó a quedar rezagado en la tabla anual y en el Clausura, complicándose solo un camino que parecía mucho más accesible meses atrás.

¿Cómo se clasifica a la Libertadores?
Con el 0–0 en Liniers, las cuentas son claras: para entrar a la Copa Libertadores, River necesita que uno de los equipos que lo superan en la tabla anual salga campeón del torneo. Ese escenario liberaría un cupo y le permitiría meterse en la pelea por la clasificación. De lo contrario, su destino será la Copa Sudamericana, un golpe duro para un club que se acostumbró a ser protagonista continental.
El presente futbolístico tampoco acompaña. River viene acumulando rendimientos irregulares, sin encontrar solidez en ninguna de sus líneas. El arco rival parece cada vez más lejano y el funcionamiento se volvió previsible, sin desequilibrio individual ni variantes que cambien la ecuación.
El empate ante Vélez no solo complica la tabla: expone un momento crítico. El equipo ya no depende de sí mismo y caminará la recta final mirando de reojo otros resultados. Para clasificar, necesita una combinación que hoy parece más un salvavidas ajeno que una construcción propia.





