En La Bombonera, Boca logró una victoria clave ante Tigre por 2 a 0, que ratificó su buen andar y le permitió cerrar la fase regular como líder de su zona. El triunfo, lejos de ser espectacular, fue contundente y definitorio, demostrando que este Boca atraviesa uno de sus momentos más consistentes de los últimos tiempos.
Los goles del partido llegaron en momentos estratégicos: primero, a los 28 minutos del segundo tiempo, Leandro Paredes envió un centro magistral que conectó de cabeza Ayrton Costa, para abrir el marcador. Ya en tiempo de descuento (47′), luego de una mano dentro del área revisada por VAR, Boca consiguió un penal que cobró Edinson Cavani; el uruguayo definió con solvencia y aseguró la victoria.

Ese tanto de Cavani representa algo más que un simple gol: el delantero volvió a convertir después de un tiempo de ausencia, demostrando que sigue siendo una pieza fundamental en el armado del equipo cuando el entrenador más lo necesita.
Con esta victoria, Boca sumó 29 puntos y se quedó con el primer puesto de la Zona A, lo que le da la ventaja de definir los cruces eliminatorios en su estadio hasta una eventual final del Torneo Clausura. Eso es clave para su objetivo: encarar los octavos de final con el aliento en casa.
Pero lo más interesante es cómo se interpreta este Boca. No es un equipo desbordante, pero sí uno muy ordenado: defiende bien, circula con criterio la pelota y aprovecha sus momentos. Esa mezcla de responsabilidad defensiva y gol en momentos decisivos sugiere que puede ser, por lejos, el mejor Boca de los últimos tiempos, al menos en cuanto a madurez colectiva.
En resumen, el 2-0 ante Tigre no solo fue un triunfo para sumar: fue una declaración de intenciones. Boca da señales claras: está preparado para pelear en lo local y proyectarse con firmeza hacia torneos más grandes.





