El fútbol argentino perdió este miércoles a una de sus figuras más queridas y respetadas. Miguel Ángel Russo, actual entrenador de Boca Juniors, falleció a los 69 años, luego de atravesar complicaciones de salud que no le impidieron seguir ejerciendo su pasión hasta el final. Murió siendo técnico de Boca, el club con el que alcanzó la gloria continental y al que volvió una y otra vez movido por el amor al fútbol.
Russo fue un hombre íntegro, respetado dentro y fuera de la cancha. Su carrera como futbolista se desarrolló exclusivamente en Estudiantes de La Plata, donde jugó más de 400 partidos oficiales entre 1975 y 1988. En el “Pincha” fue capitán, símbolo y, años después, entrenador, guiando al equipo al ascenso a Primera División en 1994, una de las páginas más recordadas por la hinchada albirroja.
Como director técnico, construyó una trayectoria enorme y diversa. En Rosario Central logró el campeonato del Torneo Clausura 1995, cortando una larga sequía para el club y dejando una marca indeleble en el Gigante de Arroyito. También ascendió con Lanús a Primera División en 1992, contribuyendo al regreso del “Granate” al máximo nivel del fútbol argentino.
En Boca Juniors, Russo alcanzó el punto más alto de su carrera: bajo su conducción, el equipo ganó la Copa Libertadores 2007, con figuras como Riquelme, Palermo y Palacio, y un juego que quedó grabado en la memoria xeneize.
Además, dirigió a numerosos equipos del país como Vélez Sarsfield, Racing Club, San Lorenzo, Colón, Tigre y Central Córdoba, y también tuvo pasos exitosos en el exterior. En Millonarios de Colombia fue campeón de liga y de la Superliga, mientras que en España condujo a Salamanca y Lleida, donde fue muy valorado por su profesionalismo y su conocimiento táctico.
La noticia de su muerte causó un profundo impacto en el mundo del fútbol. Desde Rosario hasta La Plata, desde Buenos Aires hasta Colombia y España, los clubes que lo tuvieron como jugador o técnico expresaron su dolor. En redes sociales, entidades de todo el planeta enviaron condolencias a Boca Juniors, gesto que refleja la dimensión mundial del club y el respeto universal que inspiraba Russo.
Fiel a su estilo, nunca dejó de trabajar, siempre con perfil bajo, seriedad y una enorme pasión por el fútbol. Miguel Ángel Russo se fue como vivió: con humildad, compromiso y amor por el deporte. Su legado quedará en la historia grande del fútbol argentino.





