Por Nacho Garcia Zurita.
“Ve a decirles a los espartanos, extranjero que pasas por aquí, que, obedientes a sus leyes, aquí yacemos” versa el epitafio guerrero compuesto por el poeta Simónides en homenaje póstumo al rey Leónidas y sus trescientos espartanos caídos en el Desfiladero de las Termópilas alrededor de veinticinco siglos atrás cuando enfrentaban la segunda invasión persa. Derrotados en el campo de batalla, pero victoriosos en el campo de la memoria, aquellos espartanos no sólo se niegan a perderse en la niebla de la historia, sino que continúan atrapando la imaginación y admiración de aquellos simples mortales que de una u otra forma dan con su historia.

En su libro Puertas de Fuego, el escritor y guionista estadounidense Steven Pressfield retoma la historia de Leónidas y sus hoplitas para construir una novela épica como pocas, pero partiendo desde un lugar inusual como principio que es el propio fin: un campo de batalla silencioso con todos los espartanos caídos en combate, a excepción de uno que apenas respira. Y esa respiración poco a poco será acompañada de una débil voz que, sólo por momentos recobrará templanza, para dar cuenta de las vivencias y formación de aquellos que ya solo son cadáveres para los persas. Y aquellos muertos cobrarán vida a lo largo del relato para conocer sus sueños y realidades, amores y odios, sus bajezas y sus grandezas, hasta llegar nuevamente al campo de batalla donde inicia el libro, a las propias Termópilas. Y allí habrá una lucha por cuatro largas y sangrientas jornadas donde un reducido grupo de espartanos y aliados plantará cara a un descomunal ejército persa para terminar ofrendando sus vidas por su nación y aquellos camaradas que sostuvieron vivo combate a su lado. Y ya el final será final, pero los caídos ya no serán solo caídos y las palabras de Simónides terminarán de hacerse nuestras, y aquel, su epitafio, también será un poco nuestro.
Reconocido a lo largo y ancho del planeta por los fanáticos de la ficción histórica, Pressfield logró con Puertas de Fuego unanimidad en cuanto a situar a la misma entre las mejores novelas históricas, cuando no la mejor.





