Durante la tarde del miércoles, los pasillos del ex Colegio Nacional, hoy Escuela Normal Superior de Educación Media N° 2, fueron escenario de imagen que no quisiéramos que suceda en ningún ámbito, mucho menos en el educativo.
Dos alumnas del establecimiento se trenzaron en un cuerpo a cuerpo con patadas, tirones de pelo y manotazos al aire, mientras que el cuerpo docente intentaba separarlas y el alumnado era testigo de la desagradable situación.
Cuando nos enfrentamos a este tipo de hechos deberíamos reflexionar que no se trata de un colegio en particular, ni de dos alumnas en especial, sino que la confrontación social está latente en demasiados ámbitos de la vida cotidiana. La calle se ha convertido en un escenario peligroso, donde cualquier evento de tránsito es propicio para un insulto, donde la autoridad es siempre objeto de cuestionamientos, y a veces es la misma autoridad que no interactúa desde el autoritarismo y la falta de respeto.
Deberíamos recordar que vivimos en una ciudad hermosa, con los problemas y las aflicciones de todos los argentinos, pero con un standar de vida por sobre la media de la provincia de Buenos Aires y del país; y que a todos lados llegamos en pocos minutos, y que no hay cortes de calles, ni manifestaciones que alteren el ritmo diario, ni situaciones que en otras ciudades crispan la tranquilidad.
Que sirvan estas imágenes para bajar en todos lados el nivel de confrontación, y poder volver a pensar en que en sociedad se convive, se respeta y se trata de comprender al otro. Empecemos por cada uno, y evitemos que la violencia se convierta en pan de cada día.





