Por Javier Kristensen
La resolución de la Corte Suprema de Justicia denegando un recurso de queja interpuesto por la defensa de la señora Cristina Fernández de Kirchner constituye per se una noticia trascendente. Mucho mayor aún que el destino de la condenada.
En un país mancillado de injusticias, desde ayer y desde siempre, donde la justicia tiene una deuda casi impagable con la sociedad, por su falta de celeridad, por sus deficiencias técnicas, por su falta de empatía con el justiciable, por su incapacidad de conectar con el mundo real, y por su peligrosa tentación de volcarse siempre hacia donde soplan los vientos del poder, esta resolución viene a decirle a cada argentino, que aún vivimos en un estado de derecho.
Impacta, porque la persona involucrada manejó a su antojo cada resorte de poder durante mas de 25 años. El kirchnerismo lo dijo y lo hizo. Fue por todo. A través de su relato, de su mito de poder y de otorgar beneficios a quienes adherían a sus preceptos fue infiltrando cada rincón del estado. Desde la educación hasta la justicia. Desde la administración pública hasta los organismos de control. Desde todos y cada uno de los espacios donde se puede manejar poder. La Corte funcionó ayer cumpliendo la función para la que fue creada, ser el último resguardo de la democracia, del estado de derecho, de la vida en comunidad.
Los fiscales del caso y los jueces de primera y segunda instancia que intervinieron en la causa vialidad son equiparables a los jueces y fiscales que juzgaron a las juntas militares. Aquellos, con todo el poder de la muerte aún latiendo, se pararon frente a la sociedad para condenar a los homicidas. Estos, con todo el poder del estado manejado por el kirchnerismo, le dieron a nuestro país una razón para volver a confiar en que los poderes del estado funcionan, y que la justicia es el guardián silencioso de la democracia.
Interpretaciones libres, expresiones -sin violencia- todas las que se quieran decir, pero hechos hay uno solo. La justicia llevó adelante todos los procedimientos ajustados a derecho, agotó todas las instancias, y no tuvo miedo del poder. Condenó uno o varios ilícitos, sin importar quien los cometa.
El desafío hoy es para nosotros, ciudadanos. Esta condena no aniquila la corrupción. El estado corrupto, ineficiente y coimero, sigue existiendo. Mas cerca de lo que pensamos. El kirchnerismo pudo construir su poder y empujar al país a su peor ciclo en la historia gracias al silencio cómplice de nosotros ciudadanos. Nuestro silencio es el que alimenta la corrupción. El silencio o la omisión de la justicia, es la que alienta el delito. Todos somos responsables de nuestro destino comunitario. Desde ayer volvemos a tener esperanza en las instituciones, no dilapidemos este impulso y pongamos manos a la obra para construir una ciudad, una provincia y un país como todos queremos y pocos se animan.





