Por Daniela Maurette.
Corría el año 1925 y Tres Arroyos se iba afianzando como ciudad.
En la plaza San Martín, lugar por excelencia para el paseo y “la vuelta del perro”, se construía la logia, una estructura de mármol con cordón de granito, columnas de alumbrado y balaustrada. La actividad comercial comenzaba a crecer: ya se contaba con 368 comercios y 25 fábricas. Y en ese contexto, nació la Cámara Económica de Tres Arroyos.
Como parte de las celebraciones por su centenario, esta institución recreó frente a su sede de Avenida Moreno 467 cómo era nuestra ciudad en el año de su fundación. Karina Arias y su grupo de Radioteatro le dieron vida a esta original propuesta. Una puesta en escena con objetos y materiales que remontaron a esa época. Se observaron automóviles antiguos, carros, patios con triciclos, los fuentones, las tablas de lavar…




Se mostraron escenas de la vida cotidiana: la cocina, con una reconocida Istilart, la gente compartiendo un momento de su día. Una habitación, con la “escupidera”, la cama, las valijas, los retratos colgados en las paredes, las muñecas de porcelana sentadas en la cama. La sala con la radio capilla, nacida en 1920 , muebles, candelabros.







El bar, punto de encuentro por excelencia en aquellos años, ambientado con un imponente mostrador, la gente disfrutaba de las bebidas, vestidos de época.





Cien años han pasado desde aquel primer paso dado por comerciantes y emprendedores que soñaron con una Tres Arroyos próspera. Hoy, la Cámara Económica es mucho más que una institución: es memoria viva, motor de desarrollo y reflejo de una comunidad que avanza sin olvidar sus raíces.
En este aniversario centenario, bien vale dejar que el tango —ese espejo del alma argentina— ponga las palabras justas. Como dice “La Cumparsita”, en su versión de 1925: “Si supieras, que aún dentro de mi alma, conservo aquel cariño, que tuve para ti…”
Porque así como ese cariño perdura en el tiempo, también persiste el amor por esta tierra, el orgullo por lo construido y la esperanza por lo que vendrá. La Cámara cumple cien años, sí. Pero sigue soñando como el primer día.





