Por Javier E. Kristensen
El actual intendente del Partido de Tres Arroyos, Pablo Garate, fue el candidato que realizó la mejora campaña electoral en el 2023. Garate utilizó encuestas, midió el humor social, entendió que la comunicación en redes no es subir fotitos y videos, sino que cada like tiene su precio, y que se requiere especialistas para conseguirlo. A las virtudes propias se le sumaron en forma determinante los errores de las demás fuerzas políticas a la hora de «vender» sus candidatos. Se enfrentaron en las urnas una nueva y profesional forma de hacer comunicación política con una visión estancada en el tiempo de las campañas electorales.
En ese camino hacia la Intendencia, Garate no ahorró promesas. Sabía que sus votantes duros le darían un buen piso, pero sabía aún mejor que debía sumar dosmil votos mas para derrotar al voto «de derecha» que aún dividido llegaba con expectativas hasta el final de la carrera. Y los fue a buscar, en el cuerpo a cuerpo, timbre por timbre, y promesas por promesa.
Ofreció mas de lo que tenía para dar, aún mas de lo que suponía podía llegar a cumplir. Ofreció obras, ofreció gestión, ofreció cargos, ofreció alianzas, ofreció reconocimientos, y cuando llegó, la lista de deudores era mucho mas amplia que el capital para afrontarlos. Un reconocido dirigente barrial me contó que pocos días después de haber asumido como intendente se reunió con Pablo Garate para poder avanzar en lo hablado durante la campaña. La respuesta fue lacónica: «La campaña ya terminó, ahora es otra cosa».
Durante este año y fracción de gestión el Intendente concretó varias de las propuestas de campaña. La mayoría a medias, traída de los pelos, o dejando mas heridos que beneficiarios. Ejemplos sobran: la guardia pediátrica activa es solo una ampliación de horario de atención, y para lograrlo se enfrentó sin disimulos con la mayoría de los pediatras de Tres Arroyos, que acataron pero no aceptaron. Las combis municipales pasean su slogan por el distrito, nadie sabe que hacen, a quien llevan, que función determinada cumplen, ni quien decide como utilizarlas. Huelen mas a publicidad de gestión que a servicio a la comunidad. Viviendas, asfalto, red agua, producción, poco por ahora.
El recambio de autoridades en Claromecó fue la última decisión que sacó a la luz la lógica de conducción del gobierno municipal: lo que se dice no se hace, se hace lo que quiero disfrazando el discurso para que parezca que se hace lo que se dijo. Detrás de esa lógica subyace una idea mucho mas peligrosa para toda la comunidad, que supone que los ciudadanos somos objetos maleables, permeables y dominables a los que alcanza con decirles una verdad a media o una media mentira para justificar cualquier acción.
La elección de delegados mediante el voto popular, propuesta de campaña llevada a la práctica fue, a la luz de los hechos una farsa. Cada Delegación tiene el Delegado que el Intendente quiere, no el que la gente eligió. Las promesas generan expectativas, que en política se convierten en deudas. Cuando el precio de esas deudas aumenta cada día el número de votantes se acota proporcionalmente. Al tiempo que las elecciones de medio término comienzan a visualizarse en el horizonte, el precio de las promesas incumplidas empieza a preocupar cada día mas al gobierno local.





